Una carta que escribí y nunca será recepcionada.
Querido V:
Qué hermoso es no pecar contra la esperanza. Sé que los días han sido cortos, aunque en el despacho de mi percepción, haya pasado mucho tiempo. Gracias por acompañarme, aunque fuera mínimamente, en este tránsito de mi juventud. He pensado en todo, en esos errores de la experiencia que se sienten como la mano de un niño travieso que juega sin presión. A pesar de la diferencia de inclinaciones y del peso de mis sentimientos yuxtapuestos a los tuyos, te quise, y solo por un momento, imaginé tu vida, mi vida, la vida. Me gustó la ligereza con la que termina todo, tu sonrisa, tu nariz en punta, tus manos delgadas y ligeramente marcadas. Aunque breve, agradezco tu amabilidad y por la atención a mis palabras. Perdón por mis ligerezas al hablar -burra que soy. Hoy, quizás, algo más hubiera sido necesario para que te quisiera menos y tú me quisieras, siquiera, un poco Te dejé una página de mi libro bajo el sofá y un poco de mi aroma de cedro en tu cama, aunque ni siquiera nos hayamos desnudado. Espero que puedas recordar mi nombre y contar la impresión que tuviste de una pequeña extraña , algún día.
Cuida mucho de tu pie
Con cariño
Ciel M.
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